martes, 21 de marzo de 2017

la casa se fue de ella

¿ por qué lucho tanto por sobrevivir? Pensó. Si me cuesta hasta subir este pequeño escalón, me genera miedo, y no me deja pensar. Le duele la espalda. Dejó atrás las veredas sucias, recogió, al llegar poemas como si fueran puchos, frases sueltas, experiencias nocturnas. Nada de esto sirve. Pensó. Tenía las pupilas llenas de sueños e imágenes, a donde van esos 4854056, 59 besos que regalaste. ¿Quién lleva esa cuenta al día? Para qué, si a nadie le importa, te duele la espalda, seguís mirando una espalda que compra el helado y te deja de sorprender, te desilusionas.
A ella, le sale por el oído izquierdo una idea. La anota, luego recuerda cuando vivían y anidaban las nubes, hasta que llega el tiempo y el todo el día. ¿Te diste cuenta a cuanta gente enterraste? El cielo se pone violeta, o magenta, o naranja, depende la hora, sin embargo, no le gusta mirar la tele por las tardes. Logan? Grita. No, su otro yo lucha porque no quiere, ya no le gusta. Antes era la lista
Quererte
Quererte
Quererte
Mirarte
Quererte
Conocerte
Estudiar
Después del aterrizaje fogoso del espanto del día a día
Trabajar
Estudiar
Comer
Pagar
Odiarte
No reconocerte
Acostumbrarte
Hoy:
Quererme
Quererte en silencio, porque ya fue, porque antes de vos, tenía que haber habido un esto. Porque ahora seríamos un nos, no un vos y yo, o tú y ella o el, no, no. Pero ya fue, no se puede pelear con lo ya dicho, ni volver atrás. Quien se pone ese traje, si es enorme, ni siquiera cabe en tu cabeza.

Ese escalón esta por derrumbarse. Y ella sigue buscando en la oscuridad, sin poder encontrarla. Podrá decirle adiós? No, porque aquí estamos, pálidos, aburridos, exhaustos, hartos, como carne podrida de sí misma. Yo tengo la mochila llena de vacíos. 

martes, 7 de marzo de 2017

Pensar como las maquinas.

La máquina de pensar en vos. Encendida a primera hora, cuando tomaba el café estaba recién calentando los primeros recuerdos, mezclados con el sueño de anoche. Una vez subida al colectivo, entrabas en el subconsciente de la máquina, a un nivel muy alto de irrealidad, no podías salir de ese gran laberinto de ideas, fantasías y recuerdos.
Si alguien te habla no entendes su lenguaje, sólo ves a alguien moviendo los músculos de la cara, la lengua, sus dientes y pensas  “fuma mucho este sujeto”, su dentadura está casi naranja, en su paleta izquierda se le forma una imagen, parece un conejo agachado, dudas. Y le inventas una historia, luego te preguntás donde habías quedado, esta ensoñación me gusta.
Tomas un recuerdo lindo y lo llenas de historias, todas las posibilidades juntas. Sonreís, a través del espejo, ese, donde el chofer observa a los pasajeros. Te ves sonriéndole a la nada, a algo que no existe. Lo ves por todas partes, en la bici roja, en ese auto sin ruedas, en los techos de las parroquias, en los temas en inglés, a veces caminando. Y cuando lo cruzas te sobresaltas, y decís “hace mil no te veo”. Él no tiene que saber que la maquina sigue encendida, el laberinto sigue rodeado de frustraciones.

En tus ojos se proyectan varias historias, las ocultas mirando hacia el costado. Se te escapa por las manos y las caderas que te gusta. Luchas. En sueños buscas la salida, queres encontrar la maquina y apagarla, luego recordas que sin la maquina te encontrarías sola, vacía. Caminas y encontras a un sujeto alto muy alto, tan alto que te duele el cuello de tanto mirarlo. Le crecen fideos en lugar de pelo, conversan. No recordas su rostro, porque no tenía uno.



Fragmento sin contexto. 

Una especie de presentación.

“No hay una construcción posible en soledad” Mi nombre es ayito y soy disca. O, técnicamente hablando persona con discapacidad. ...